La posesión es una mala idea desde muy distintos ángulos y sólo se salva con bajo el cristal de la pasión. Devorar a otro sólo es posible cuando aquel lo desea o lo permite; las perversiones son muchas, a veces basta con ver cómo lo comen a uno sin siquiera sentir nada -por el puro vouyerismo-, a veces hay que participar con toda la víscera. Todo es posible. Sin embargo la posesión es ilusión cultural bajo la que amaestrar a una sociedad puede ser posible. Yo he sido cultivada con ese hongo, eres de aquí. El hongo se multiplica siniestramente cuando en vez de leer: quiero estar contigo, se lee: quiero que seas mio. Pero la pasión es perversa y nada queda más que disfrutarla en lo posible. Querer mirar lo que mira el otro, y querer saber cómo el otro lo mira -en todo el sentido de la palabra- a uno, es una exageración, es un irse a pique, es ahogar el alma en imposibilidades. Pero, carajo, la sensación es disfrutable, así como mirar abismos de tierra, de agua, de aire, es disfrutable. No confundir: acompañarse en la vida no es lo mismo que poseer la vida de otro. Y "no poder dejarte ir" es un placer íntimo y solitario, y es un abismo que sigo disfrutando, todavía hoy.